Mayoría de jóvenes latinoamericanos ven “normal” la violencia machista

MADRID, España (EFE) – La mayoría de los jóvenes de ocho países de América Latina consideran “normal” la violencia contra mujeres, según informó en Madrid la ONG Oxfam Intermón a partir de una investigación en conjunto con la Universidad Complutense de la capital española.

De acuerdo con el documento, un 46% de los jóvenes consultados supone que las mujeres consideran que la violencia que sufren es “normal”, un hecho que, según la ONG, señala a las víctimas como responsables del maltrato y “naturaliza la violencia”.

El estudio titulado “Rompiendo moldes: transformar imaginarios y normas sociales para eliminar la violencia contra las mujeres”, analizó lo que piensan los jóvenes de 15 a 25 años en Bolivia, Cuba, Colombia, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y República Dominicana.

“Realmente en una población tan joven, estos imaginarios son muy preocupantes”, dijo en rueda de prensa María Reglero, responsable de género en la ONG.

La investigación fue publicada en el marco de la campaña “¡Basta!” de esta institución, que busca poner fin a la que considera una de las violaciones de los derechos humanos “más extendidas”.

Esta publicación destacó, por ejemplo, que un 56% de las jóvenes y un 48% de los jóvenes tienen alguna conocida de su círculo cercano que ha sufrido violencia física o sexual en los últimos doce meses.

“Esas violencias son sistémicas y estructurales”, alertó Reglero.

Para la portavoz de la ONG, los jóvenes son una población que puede producir un “cambio de imaginarios” en esta región, donde denunció haber “sociedades tan patriarcales”.

El estudio recogió informaciones de estudiantes universitarios y de la secundaria en medios urbanos.

Los más jóvenes (15 a 19 años) consideraron en un 65% que está justificado que un hombre ebrio sea violento contra una mujer y un 72% justificó la agresión por la ropa que la víctima vestía en el momento.

“Ese imaginario se construye en la familia, escuela, iglesia, medios de comunicación y por el Estado”, ponderó la especialista.

Para ella, la iniciativa de la ONG es la de apoyar a las organizaciones de la región en alianzas con grupos de mujeres y jóvenes, ya que el “feminismo latinoamericano” es “referencia en todo el mundo”.

El estudió también valoró como “positivo” que un 61% de los entrevistados rechaza la violencia que sucede en las calles y que un 90% reconoce muchas de sus expresiones, además de destacar el papel “clave” de plataformas de redes sociales e influidores digitales para la transformación.

“Las jóvenes están marcando un relevo importante con el uso de redes sociales como herramientas para reconstruir esos imaginarios en la región”, valoró Reglero.

La ONG destacó que ya “está cambiando” el escenario en la zona, en la que en 2016 fueron asesinadas 1.831 mujeres, según datos de la Comisión Económica para América Latina (Cepal).

Descubren en Texas 39 inmigrantes escondidos en condiciones extremas

AUSTIN, Texas (EFE) – Las autoridades policiales estadounidenses encontraron a 39 inmigrantes indocumentados encerrados en una casa escondite en el sur de Texas, sin apenas acceso al agua potable y a 113 grados Fahrenheit de temperatura ambiente, informó el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

Los indocumentados permanecían en ese lugar a la espera de ser trasladadas a distintos puntos del país por los contrabandistas de personas que operan en la zona, informaron las autoridades.

Estas personas, entre las que se encontraban tanto hombres como mujeres, procedían de México, El Salvador, Guatemala y Nicaragua.

Los inmigrantes recibieron atención médica primaria en el lugar, antes de ser arrestados y puestos a disposición judicial acusados de entrada ilegal en los Estados Unidos.

Además del arresto del grupo migrante, los agentes fronterizos procedieron a la detención de un ciudadano estadounidense acusado de un delito de contrabando y tráfico de personas.

El sospechoso al parecer era el encargado de vigilar la casa escondite y, según los inmigrantes indocumentados, el responsable de racionar el consumo de agua durante la estancia en el domicilio.

La orden de registro fue ejecutada el pasado 23 de mayo en una residencia en la localidad texana de Eagle Pass por agentes especiales del ICE, con la asistencia de la Patrulla Fronteriza y la Oficina del Sheriff del condado de Maverick, Texas.

Algunos creen que El Salvador no está listo para fin del TPS

Por MARCOS ALEMÁN

SAN SALVADOR, El Salvador (AP) — Hugo Castro creía que era un joven con suerte: cuando tenía 17 años dejó El Salvador para estudiar en Estados Unidos, pero tres décadas después fue deportado y obligado a rehacer su vida en un país que ya no reconocía.

Mateo Barrera, de cuatro años, originario de El Salvador, y cuyos familiares se beneficiaban del estatus de protección temporal, asiste a una rueda de prensa en Los Ángeles, el lunes 8 de enero de 2018. (AP Foto/Damian Dovarganes)

Tras el anuncio del gobierno de Estados Unidos de suspender el beneficio migratorio que permite a 195,000 salvadoreños residir en ese país de manera temporal, miles podrían enfrentar el mismo destino que Castro y ser enviados de vuelta a un país no sólo casi desconocido para muchos de ellos, sino que -para algunos- no está preparado para absorber a una oleada de migrantes.

“El principal problema que pasan los deportados es que nos invisibilizan, nos rechazan; no hay trabajo, no nos ayudan”, dice Castro, quien fue deportado en 2015.

La Secretaría de Seguridad Nacional informó el lunes que los salvadoreños protegidos bajo el estatus de protección temporal, conocido como TPS por sus siglas en inglés, tendrán hasta septiembre de 2019 para dejar el país o ajustar su estatus legal. El número de personas protegidas es apenas una parte de los dos millones de salvadoreños que se estima residen actualmente en Estados Unidos.

El TPS, que se aplica a otros países también, fue diseñado por Estados Unidos para ayudar a ciudadanos afectados por desastres naturales o algunas otras problemáticas internas. Algunos salvadoreños lo recibieron después del terremoto de 2001 que mató a más de 1,000 personas. Miles más han llegado a ese país huyendo de la violencia de las pandillas, aunque no fueron considerados para beneficiarse de ese estatus.

El anuncio del gobierno del presidente Donald Trump también trajo temores de que El Salvador podría perder una importante fuente de ingresos, a través de las remesas que envían desde Estados Unidos, además de que muchas familias podrían quedar separadas. Algunos, sin embargo, también vieron con cierto optimismo que los salvadoreños que tienes años de vivir en aquel país podrían traer su experiencia al país y posiblemente detonar inversiones.

Castro es uno de quienes temen que la llegada de esos salvadoreños protegidos hasta ahora por el TPS podría ser complicada, tanto en términos personales como para el país. Y usa su propio caso como ejemplo.

Castro se fue a estudiar a una universidad de Atlanta, Georgia, donde vivía con todas las comodidades, pero su padre –un próspero dueño de fincas de café– lo perdió todo en un embargo y ya no pudo ayudarle. “Trabajé en un Club Campestre, en una librería, en una empresa de publicidad y fui manager de un restaurante de comida mexicana”.

Al llegar a Estados Unidos inició trámites para poder vivir de manera legal. Su tarjeta del seguro social y licencia de conducir fueron algunos de los documentos que le sirvieron para vivir sin problemas durante 31 años.

Sin embargo, todo cambio en 2004, cuando vivía en Houston y durante una reunión con algunos compañeros de trabajo, la policía llegó alegando que había recibido denuncias de los vecinos y se descubrió que tenían cocaína. Dado que ninguno de sus amigos aceptó ser dueño de la droga, la policía lo responsabilizó y lo llevaron a la cárcel, por lo que su expediente quedó con un registro criminal por posesión de droga. Castro tenía que presentarse ante un juez de inmigración, pero nunca lo hizo y trató de seguir su vida de manera normal. Incluso ahora, él niega que la droga fuera suya.

El incidente parecía haber quedado en el olvido, pero la policía lo detuvo en 2015 y fue a parar al Centro de Detención de Houston, donde luchó para no ser deportado. No obstante, el 28 de agosto de ese año volvió a El Salvador.

“El regreso fue traumático. Tenía 31 años de no venir a mi país”, dice el hombre, que después de enfrentar el rechazo de sus conocidos ahora ve la vida con más optimismo. “Fue un shock cultural bien fuerte”, agrega.

Los tres primeros meses después de su regreso fueron terribles, dice. “Yo estaba destrozado y sufro de depresión”, agregó.

“No me encontraba en este país. Me dijeron que tenía que buscar trabajo. ‘Vos hablas inglés. Anda a los call center’, me dijeron, y fui, pero me rechazaron por ser deportado y tener récord criminal”, cuenta.

Muchas faltas leves como infracciones de tránsito son señaladas como delitos y así aparece en sus fichas de repatriados.

Por ocho meses, Castro buscó alguien que le tendiera la mano. Su situación mejoró hasta que le ayudaron en el Instituto Salvadoreño del Migrante, donde ahora asesora a los repatriados con los programas de salud y otros para reinsertarlos en la vida del país.

Luis Membreno, un analista económico en El Salvador, cree que los salvadoreños beneficiados con el TPS son migrantes que tienen a sus familias con ellos y envían pocas remesas a su país natal, por lo cual no implicaría un golpe grande para la nación centroamericana.

“No creo que se vayan a caer las remesas familiares en el corto plazo”, asegura. El analista considera que algunas familias incluso enviar más remesas.

Los envíos de dinero desde Estados Unidos, que en 2016 sumaron 4,576 millones de dólares, representan el 17.1% del producto interno bruto de El Salvador.

César Ríos, que dirige el instituto del migrante donde trabaja Castro, es menos optimista y coincide en las dificultades que representaría para El Salvador el regreso de miles de personas desde Estados Unidos, e incluso considera que supondría una crisis humanitaria para el país centroamericano.

“El país no está preparado para recibir a miles de salvadoreños. Aquí no hay programas para ayudar a los repatriados. Aquí somos estigmatizados, la gente nos rechaza”, asegura.

EEUU retira protecciones a inmigrantes salvadoreños

Por ZEKE MILLER y ELLIOT SPAGAT

WASHINGTON (AP) — El gobierno de Donald Trump anunció el lunes que no renovará las protecciones que permitían a casi 200,000 salvadoreños permanecer legalmente en Estados Unidos.

La secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, dijo que los daños causados por el terremoto del 2001 en Centroamérica no justifican otra prórroga del status. Añadió que El Salvador ha recibido cuantiosa ayuda internacional y que gran parte de la infraestructura del país ha sido reconstruida.

Los ciudadanos de El Salvador pueden beneficiarse del programa de Estatus de Protección Temporal (TPS, por sus siglas en inglés), que proporciona alivio humanitario a extranjeros cuyos países se han visto golpeados por desastres naturales o conflictos.

El Salvador es el cuarto país en perder el TPS durante la presidencia de Trump y sus ciudadanos eran por mucho el grupo de beneficiarios más grande. El gobierno suspendió el año pasado protecciones similares a ciudadanos de Haití y Nicaragua.

Los salvadoreños tendrán hasta septiembre de 2019 para dejar el país o ajustar su estatus legal.

Nielsen dijo la semana pasada a la AP que las extensiones a corto plazo no son la solución.

“Conseguirles una solución permanente es un plan mucho mejor que tenerlos viviendo seis meses, luego 12 meses, luego 18 meses”, dijo en una entrevista, refiriéndose a la incertidumbre de las extensiones a largo plazo del programa.

La decisión de enviar a los salvadoreños de vuelta a su país, aunque no es sorpresiva, causará conmoción en partes de Washington, Los Ángeles, Nueva York, Houston y otras zonas metropolitanas que acogen grandes comunidades de salvadoreños. Estos inmigrantes disfrutan de una protección especial desde los terremotos que golpearon el país centroamericano en 2001. Muchos han echado raíces en Estados Unidos, formando familias y abriendo negocios a lo largo de los años.

Poner fin a la protección también supondría un duro desafío para El Salvador, un país de 6.2 millones de personas con una economía dependiente de las remesas de los trabajadores en Estados Unidos. En la última década, cada vez más salvadoreños -muchos llegados como familias o menores sin acompañante- han entrado en Estados Unidos de forma ilegal a través de México, huyendo de la violencia y la pobreza.

En septiembre de 2016, el gobierno de Obama amplió 18 meses las protecciones señalando que El Salvador aún sufría los efectos de los sismos de 2001 que mataron a más de mil personas, y que el país no podría absorber el regreso de tanta gente.

El presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, tuvo una larga conversación telefónica con Nielsen el viernes para renovar su petición de que se extienda el programa para dar más tiempo al Congreso a conseguir una solución permanente para los 190,000 salvadoreños que han obtenido protección para seguir en el país.

La fecha límite coincide con un momento de creciente diálogo entre la Casa Blanca y el Congreso sobre una reforma migratoria que podría incluir protecciones para cientos de miles de jóvenes inmigrantes que llegaron al país cuando eran menores, y que recibieron una protección temporal por un programa de la era Obama. Trump dijo en septiembre que pondría fin al plan de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés), pero dio al Congreso hasta marzo para tomar medidas.

Estaba previsto que el presidente, Donald Trump, recibiera esta semana a un grupo bipartidista de senadores para intentar buscar un acuerdo.

Estados Unidos creó el TPS en 1990 para ofrecer refugio a gente de países afectados por terremotos, inundaciones, huracanes, guerras y otros desastres. Ahora ampara a casi 320,000 personas de 10 países. Hay casi 440,000 beneficiarios de esos 10 países, incluidos de 263,000 de El Salvador, pero muchos de ellos han legalizado su situación por otras vías.

El secretario de Seguridad Nacional puede renovar esa protección, que incluye permiso de trabajo, por hasta 18 meses cada vez. Las voces críticas dicen que ha resultado no ser temporal en absoluto, ya que muchos beneficiarios siguen en el país años después de su solicitud inicial.

La predecesora de Nielsen, la secretaria en funciones Elaine Duke, puso fin en noviembre a las protecciones para los haitianos, lo que requiere a unas 50,000 personas que se marchen o resuelvan su situación legal para el 22 de julio de 2019, y para los nicaragüenses, lo que dio a unas 2,500 personas hasta el 5 de enero de 2019. Aplazó una decisión que afectaba a más de 50,000 hondureños, lo que dejó la decisión a Nielsen.

El gobierno de Trump amplió el año pasado la protección para los Sudán del Sur y la retiró para Sudán. Otros países cubiertos son Nepal, Somalia, Siria y Yemen.

La tormenta tropical Selma avanza hacia El Salvador

CIUDAD DE MÉXICO, México (AP) — La tormenta tropical Selma se formó en costas de Centroamérica y avanza hacia El Salvador, dijeron meteorólogos el viernes.

El Centro Nacional de Huracanes en Estados Unidos informó que el meteoro se ubica a unas 180 millas al sur de San Salvador, la capital salvadoreña. Tiene vientos máximos sostenidos de 40 millas por hora y avanza hacia el noroeste a 5 millas por hora.

Se prevé que Selma provoque fuertes lluvias sobre El Salvador y partes de Guatemala, Honduras y Nicaragua, que podrían causar inundaciones súbitas y deslaves, dijo el centro.

Ya se emitió una advertencia por la tormenta para toda la costa de El Salvador. Se prevé que Selma toque tierra el sábado.

Gregorio Rosa Chávez, primer cardenal de El Salvador

SAN SALVADOR (AP) — Monseñor Rosa Chávez estaba solo en la parroquia de San Francisco, preparándose para oficiar su acostumbrada misa dominical en la capital de El Salvador, cuando recibió una llamada inesperada: según le dijo un amigo, el papa Francisco lo había nombrado cardenal.

Lo primero que pensó fue que se trataba de una broma. Aunque fue discípulo del beato Óscar Arnulfo Romero —considerado héroe de los pobres y oprimidos en Latinoamérica— nunca había buscado el poder en la iglesia y estaba a punto de retirarse, pero el amigo que lo llamó no dejó lugar a duda: a sus 75 años, será el primer cardenal en la historia de su país.

“Quiero agradecer a monseñor Romero este regalo porque a él le tocaría este honor y con sangre. De modo que dedicamos a él este reconocimiento y en su nombre lo recibimos”, dijo el lunes a la prensa. Aunque la guerra civil ha quedado atrás, El Salvador está lejos de ser un país en paz. Por la violencia que se atribuye a las pandillas, hay quien cree que la iglesia podría jugar un papel importante para mejorar la situación. Rosa Chávez ha manifestado que apoyaría un diálogo entre gobierno y pandillas, pero hasta ahora la iglesia nunca ha apoyado el proceso de manera oficial.

En 1977, cuando Romero fue nombrado arzobispo, Rosa Chávez presidió la oficina de comunicaciones de su iglesia, entablaron una amistad que dudaría hasta que Romero fuera asesinado en 1980 y juntos enfrentaron los momentos más críticos que vivió la Iglesia salvadoreña, como la violencia derivada de la guerra civil.

Todavía impactado por el nombramiento del domingo, Rosa Chávez —quien ya planeaba su retiro— confesó que la llamada lo sorprendió. “Uno se queda como mareado, como abrumado, desconcertado y queda sin saber cómo reaccionar”.

La ceremonia oficial de su nombramiento se llevará a cabo el 28 de junio en el Vaticano, según informó la Santa Sede.

Después de la noticia, el párroco presidió una misa en su parroquia, donde los feligreses expresaron sus felicitaciones y estrecharon sus manos. “Sigo siendo leal al pueblo procurando hacer las cosas mejor”, dijo.

Rosa Chávez parece un cura bonachón. Saluda a todos con una sonrisa y su habilidad para comunicarse le ha valido empatía entre los católicos salvadoreños.

“Es un hombre de Dios, humilde como monseñor Romero y es romerista”, dijo María Castillo cuando salía de la catedral salvadoreña.

“Monseñor siempre estuvo tranquilo, siendo el auxiliar cuando merecía ser el arzobispo, pero le llegó su premio”, afirmó a su vez Estela Henríquez.

Desde su nuevo puesto, Rosa Chávez será uno de los consejeros del papa, lo que le permitirá crear mayor cercanía entre su país y el Vaticano para dar visibilidad a temas relevantes en El Salvador. Entre otras cosas, su posición le abrirá las puertas para agilizar el proceso de canonización de Romero y luchar desde otro frente para tratar de frenar la violencia en su pequeña nación centroamericana. Por ello, ha expresado su disposición a participar en un proceso de dialogo entre el gobierno y las pandillas si así lo solicitarán ambas partes y existieran condiciones favorables para ello.

El futuro cardenal de El Salvador nació en 1942 en una zona rural del municipio de Sociedad, fronterizo con Honduras. Hijo de un humilde campesino, Rosa Chávez nunca pensó que sería sacerdote, pero la educación que recibió durante su adolescencia, así como su acercamiento y amistad con Romero, cambiaron su vida.

Dado que en su pueblo la escuela no impartía más allá del primer grado, su padre lo mandó a Sociedad, donde cursó segundo y tercero, y luego viajó a Jocoro, donde concluyó la primaria. Cuando tenía 14 años, su papá le pidió a un amigo que lo llevara a un seminario donde Rosa Chávez se ordenó como sacerdote y le abrió el camino a San Miguel, donde conoció a Romero.

En 1980, cuando Romero murió asesinado de un tiro al corazón, el Vaticano nombró a Arturo Rivera y Damas como nuevo arzobispo y Rosa Chávez se convirtió en su mano derecha. Desde aquella oficina se mantuvo involucrado en la guerra civil (1980-1992), formó parte del proceso de paz y participó en las reuniones de negociaciones entre la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y el gobierno salvadoreño.

Aunque su trato amable con la gente le ha ganado seguidores, los sectores más conservadores lo han encasillado como un “cura comunista” —por apoyar causas sociales— y recibió amenazas de los sectores más radicales de El Salvador, entre ellos, los escuadrones de la muerte.

Junto con otros arzobispos, Rosa Chávez nunca tuvo reparo en señalar la culpabilidad de militares en crímenes: cuando un comando del ejército asesinó a seis sacerdotes jesuitas en 1989 en medio de la más grande ofensiva militar de la guerrilla en todo el país, él apuntó a los presuntos responsables públicamente.

Rosa Chávez será cardenal sin haber sido arzobispo. Al morir Arturo Rivera y Damas, sucesor de Romero, en 1994, muchos pensaron que Rosa Chávez le sucedería, pero esto nunca ocurrió. Aun así, Rosa Chávez siempre se refiere a sus predecesores como “sus maestros”, asegurando que nunca hicieron concesiones por buscar un cargo.

El futuro cardenal dice que su gran pasión está en las comunicaciones. Según dijo a The Associates Press, diario se levanta oyendo la radio del Vaticano y sólo se duerme hasta haber revisado todos los periódicos digitales de su país y los más importantes del mundo.