Demandan al Gobierno de Trump por detener a niños migrantes demasiado tiempo

Demandan al Gobierno de Trump por detener a niños migrantes demasiado tiempo

ARCHIVO - Una mujer habla en un mitin el jueves 28 de junio de 2018, en Brownsville, Texas, para atraer atención hacia la política estadounidense hacia los inmigrantes. (Miguel Roberts/The Brownsville Herald vía AP, archivo)

NUEVA YORK, Nueva York (EFE) – Una asociación de defensa de los derechos civiles presentó anoche una demanda federal contra la Administración del presiente de EE.UU., Donald Trump, por retener a niños inmigrantes detenidos durante demasiado tiempo, poniéndolos a su juicio en riesgo psicológico.

El Sindicato de Libertades Civiles de Nueva York defiende a seis adolescentes, cuatro de los cuales se encuentran en el estado neoyorquino, que fueron enviados a refugios de acogida después de cruzar la frontera sur de Estados Unidos, a la espera de ser enviados con sus padres o familiares al comenzar el proceso judicial, informan medios locales.

Sin embargo, el sindicato denuncia que los niños siguen detenidos ya que ahora el proceso requiere para su liberación las huellas digitales de sus padres y familiares, lo que “extiende durante semanas e incluso meses” la causa judicial, asegura la abogada de la asociación, Paige Austin.

Como los datos de las huellas digitales pueden ser compartidos con el Departamento de Seguridad Nacional, los familiares indocumentados de estos niños temen posibles represalias.

Esta dilación de los tiempos judiciales ha provocado que el número de niños bajo tutela federal haya ascendido a 13,000 desde que el Gobierno comenzara a requerir estos chequeos más rigurosos la pasada primavera, algo que la administración considera necesario para evitar que los niños caigan en manos de traficantes.

La demanda asegura que los niños retenidos durante largos periodos de tiempo en dependencias de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados sufren episodios de ansiedad, indefensión, depresión e incluso intentos de suicidio, todo ello empeorado porque la mayoría de ellos “han sobrevivido a hechos traumáticos como persecución, asalto o tortura”.

Una de las demandantes es una niña ecuatoriana detenida en Texas cuya madre, Norma Duchitanga, también es parte del caso.

“Las citas para la toma de huellas se retrasaron mucho. Iba a tardar uno o dos meses en conseguir una cita aquí en Nueva York”, asegura en declaraciones a la emisora de radio WNYC esta residente desde hace 15 años en el país, que finalmente tuvo que acudir a Filadelfia para adelantar el proceso.

“Tiene miedo de que la manden de vuelta, de que la metan en la cárcel. Eso es lo que teme. No quiero que sufra. Ya ha sufrido bastante desde que me vine a Estados Unidos y la dejé para darle una vida mejor”, explica Norma.

EEUU perdió la pista de 1,488 niños migrantes

PORTADA – En esta fotografía de archivo del 20 de junio de 2018, niños inmigrantes avanzan en fila afuera de un albergue temporal para menores que llegaron solos en Homestead, Florida. (AP Foto/Brynn Anderson, Archivo)

Por GARANCE BURKE,  Associated Press

En dos ocasiones en menos de un año, el gobierno de Estados Unidos perdió la pista a casi 1,500 menores migrantes después de colocarlos en casas de patrocinadores en diversas partes del país, reconocieron autoridades federales.

El Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS por sus siglas en inglés) dijo en fecha reciente a personal del Senado que los administradores de los casos no podían encontrar a 1,488 menores después de que hicieran llamadas de seguimiento para verificar su seguridad de abril a junio. La cifra representa alrededor de 13% de todos los menores que llegaron sin compañía de un padre o tutor y que el gobierno retiró de albergues y hogares de acogida en ese periodo.

Mientras comparecía ante el Senado en abril, la agencia dijo que a fines del año pasado había perdido la pista de 1,475 menores. Los legisladores habían preguntado a funcionarios del HHS como habían reforzado las políticas de protección a los niños desde que se conoció que la agencia había cancelado salvaguardas para evitar que los menores centroamericanos terminaran en manos de traficantes de personas.

“El hecho de que el HHS, que colocó a estos menores con patrocinadores, desconozca el paradero de casi 1.500 de ellos, es preocupante”, dijo el miércoles el senador republicano Rob Portman. “Muchos de estos chicos son vulnerables al tráfico y abusos, y no asumir la responsabilidad de su seguridad es inaceptable”.

El HHS no respondió a diversos correos electrónicos en los que se le pidió hacer declaraciones.

Desde octubre de 2014, el gobierno federal ha colocado más de 1,500 menores no acompañados con padres u otros patrocinadores adultos que se espera los cuiden y ayuden a ir a la escuela mientras buscan regularizar su condición migratoria en tribunales.

El martes, miembros de una subcomisión del Senado presentó una iniciativa bipartidista dirigida a obligar al HHS a que asuma la responsabilidad de cuidar a los menores migrantes, aun si ya no los tiene en custodia.

Demandan a gobierno de Trump por separación de familias

PORTADA – En esta fotografía del 17 de junio de 2018 proporcionada por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos se muestra a niños migrantes que han sido separados de sus padres en la frontera con México, en una instalación de McAllen, Texas. (U.S. Customs and Border Protection’s Rio Grande Valley Sector vía AP, Archivo)

Por ALANNA DURKIN RICHER,  Associated Press

BOSTON, Massachusetts — Varios abogados presentaron una demanda contra el gobierno de Donald Trump, exigiéndole resarcir a las familias migrantes que separó en la zona fronteriza entre Estados Unidos y México.

La demanda, presentada el miércoles tarde en Worcester, Massachusetts, busca crear un fondo para pagar por el tratamiento psicológico de los niños que fueron separados de sus padres por el gobierno de Trump, que había adoptado una política de “tolerancia cero” contra todos los que crucen la frontera ilegalmente.

El gobierno, agregó la querella, “debe responder por sus acciones” y “reparar el daño causado”.

Añadió que muchas personas sufrieron daños psicológicos y trauma emocional debido a la separación. Menciona los casos específicos de dos familias guatemaltecas que cruzaron la frontera pidiendo asilo.

“Estos niños son inocentes y las autoridades federales les lastimaron simplemente con base en su raza y origen nacional”, declaró Iván Espinoza-Madrigal, director ejecutivo del Comité de Abogados a favor de Derechos Humanos y Justicia Económica y uno de los abogados que presentó la demanda contra el secretario de Justicia Jeff Sessions y otros funcionarios del gobierno.

“Es ilegal e injusto. Estas familias deben ser recompensadas por la experiencia espeluznante que vivieron”, dijo Espinoza-Madrigal.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos no respondió de momento a mensajes pidiéndole su reacción.

Las autoridades migratorias separaron a más de 2,000 niños de sus padres en los primeros meses de este año. Trump promulgó luego un decreto el 20 de junio que derogó su política, en medio de una condena internacional generalizada.

Uno de los niños mencionados en la querella tenía 11 años cuando huyó de la violencia en Guatemala para pedir asilo en Estados Unidos. Fue separado de su padre por más de un mes y temió que nunca lo volvería a ver, según la denuncia. Añade que el pequeño sigue teniendo pesadillas, a veces tan aterradoras que se cae de la cama.

En la demanda, los individuos son mencionados solo por sus iniciales para proteger su privacidad.

“El trauma que sufrieron C.J. y F.C. fue duradero y seguirá afectando su salud psicológica y emocional durante años”, dice la demanda.

Regresa a Guatemala niño separado de madre al entrar a EEUU

PORTADA – Anthony David Tovar Ortiz, a la izquierda, es abrazado por una familiar después de llegar al aeropuerto La Aurora en la Ciudad de Guatemala, el martes 14 de agosto de 2018. (AP Foto / Oliver de Ros)

Por SONIA PÉREZ D.,  Associated Press

CIUDAD DE GUATEMALA, Guatemala — Un menor de edad que fue separado de su madre fue deportado a Guatemala y terminó así la pesadilla de una de cientos de familias centroamericanas que aún esperan reunirse con sus hijos tras ser separados al intentar ingresar a Estados Unidos.

A la medianoche del martes Elsa Johana Ortiz por fin pudo llevar a casa a su hijo Anthony, de 8 años, de quien había sido separada en mayo por oficiales de migración estadounidenses cuando ingresó a ese país.

Anthony David Tovar Ortiz y su madre Elsa Ortiz abandonan el aeropuerto de La Aurora en la Ciudad de Guatemala, el martes 14 de agosto de 2018. (AP Foto / Oliver de Ros)

“Sentí felicidad, por fin terminó”, dijo Ortiz, de 25 años, al salir del aeropuerto La Aurora al que arribó el niño en un vuelo comercial acompañado por dos abogados estadounidenses.

A su llegada el menor fue recibido por personal de la Procuraduría General de la Nación que lo registró y entregó a la madre.

“Lo primero que le dije es que lo había extrañado demasiado y él me dijo lo mismo”, agregó la mujer.

Vestido con un traje deportivo gris y tenis y sosteniendo una pequeña maleta, el niño se mostró asombrado por la cantidad de periodistas que lo aguardaban en la terminal aérea.

Ortiz inició su viaje a Estados Unidos el 20 de mayo e ingresó a ese país el 25 y se entregó a las autoridades porque “a las mamás las dejan pasar con sus hijos”, según le dijo el traficante de personas que organizó su viaje. Pero un día después de ser detenida la separaron del menor y 12 días más tarde fue deportada a Guatemala sin el niño.

La mujer tenía la ilusión de reencontrarse en Estados unidos con su pareja, quien le enviaba dinero para alimentos y vestimenta. Su pareja había pagado por un viaje “especial” que no la expusiera mucho porque iba con el niño.

“Todo el viaje fue en carro, solo una vez en bus, luego en balsa (por el río Bravo en Texas), luego caminamos pocos metros, encontramos a la migración y nos entregamos”, dijo la mujer sentada en la puerta de la humilde casa de su padre en una entrevista con The Associated Press en junio.

Ortiz dijo que fue engañada por los agentes migratorios para que no se resistiera a la deportación porque le aseguraron que se iría con su hijo.

“Se termina esto, le damos gracias a Dios y a los abogados que hicieron la lucha, lo que queríamos era tener a nuestro bebé”, dijo el abuelo del niño, José Antonio Ortiz, quien lo abrazó mientras sostenía un globo con el que le dio la bienvenida.

En una pequeña camioneta blanca el niño regresó a una humilde casa en el municipio de Palencia, a 25 kilómetros de la capital, una comunidad ubicada en una zona montañosa donde no hay pavimento y ni escuelas o centros de salud cercanos.

Ortiz aún no ha decidido si se quedará ahí o regresará a su precaria vivienda en Moyuta, una zona rural al este de la capital de donde es originaria.

Según organizaciones que velan por los derechos de los migrantes, una de las principales razones de la migración de los guatemaltecos es la pobreza. De acuerdo con la cancillería unos 2.279 menores fueron separados de sus padres bajo la política de tolerancia cero de la administración de Donald Trump, de los cuales unos 62 ya se han reunido con su familia.

Ortiz aún no ha encontrado trabajo de limpieza de casas particulares, a lo que antes se dedicaba. El futuro de la familia es incierto y la pobreza, uno de los motivos por los que decidieron emigrar, sigue ahí esperándolos.

EEUU necesita autorización para medicar a menores migrantes

PORTADA – En esta fotografía del 1 de marzo de 2018 se muestra a la jueza de distrito Dolly Gee en Los Ángeles. La jueza falló el lunes 30 de julio que el gobierno de Estados Unidos debe obtener una autorización para administrar medicamentos psicotrópicos a los niños migrantes que están detenidos en una instalación de Texas. (NAPABA vía AP, Archivo)

AMY TAXIN,  Associated Press

LOS ÁNGELES, California (AP) — Una jueza federal falló el lunes que el gobierno de Estados Unidos debe solicitar autorización para administrar medicamentos psicotrópicos a los menores migrantes que están detenidos en una instalación de Texas.

La jueza de distrito Dolly M. Gee, de Los Ángeles, señaló que el gobierno federal incumplió con algunas partes de un añejo acuerdo que rige el trato que deben recibir los niños inmigrantes que son detenidos tras cruzar la frontera.

Gee dijo que el gobierno federal debe obtener una autorización o una orden judicial para darle a los menores medicamentos psicotrópicos en una instalación de Texas de conformidad con la ley estatal, a menos que sea un caso de emergencia.

Agregó que las autoridades deben decirles a los niños por escrito la razón por la que están en una instalación vigilada, y aseveró que la vinculación con una pandilla por sí sola no justifica dicha reclusión.

“Los niños no estaban siendo informados sobre por qué eran enviados a otra parte”, dijo Holly Cooper, codirectora de la Clínica Legal de Inmigración en la Universidad de California en Davis y una de las abogadas que representa a menores migrantes detenidos. Sobre el fallo, la abogada indicó que “lo vemos como una victoria”.

El gobierno del presidente Donald Trump ha endurecido sus políticas dirigidas a los niños y familias migrantes que son detenidos tras cruzar la frontera sur de Estados Unidos. Los defensores de los derechos de los inmigrantes han impugnado varias acciones del gobierno federal, incluida la separación de los niños migrantes de sus familias.

El Departamento de Justicia declinó comentar sobre el fallo de Gee.

Los niños inmigrantes que cruzan la frontera sin compañía de un adulto y son detenidos, quedan bajo custodia en instalaciones contratadas por el gobierno hasta que puedan ser liberados y entregados a patrocinadores autorizados en Estados Unidos o regresados a sus países de origen. La mayoría de los menores son puestos en albergues no vigilados por guardias, pero en algunos casos se utilizan instalaciones más seguras.

En el fallo, Gee dijo que estaba de acuerdo con algunas, pero no con todas las solicitudes hechas por los representantes de los niños. Si bien algunas cuestiones están relacionadas con los medicamentos psicotrópicos y el trato que reciben los niños en el Centro de Tratamiento Shiloh de Texas, el acuerdo que rige las condiciones de detención es supervisado por la corte federal de Los Ángeles.

EEUU: 1,820 menores han sido entregados a sus padres

FOTO DE PORTADA – La inmigrante brasileña Natalia Oliveira da Silva carga a su hija Sara, de cinco años, al arribar a instalaciones de una obra de caridad católica en San Antonio, Texas, el 23 de julio de 2018. Madre e hija fueron separadas en mayo al arribar a la frontera de EEUU en busca de asilo. (AP Foto/Eric Gay)

ELLIOT SPAGAT y COLLEEN LONG ,  Associated Press

SAN DIEGO, California (AP) — El gobierno del presidente Donald Trump indicó el jueves que más de 1,800 menores separados de sus familias en la frontera con México se han reunido con sus padres y patrocinadores, pero cientos continúan separados, por lo que aún le espera una tarea ardua.

Una mujer habla en un mitin el jueves 28 de junio de 2018, en Brownsville, Texas, para atraer atención hacia la política estadounidense hacia los inmigrantes. (Miguel Roberts/The Brownsville Herald vía AP)

Se ha reunificado a 1,442 niños de 5 años o más con padres que están bajo custodia del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés), mientras que otros 378 fueron liberados “bajo otras circunstancias apropiadas”, lo que incluye entrega a patrocinadores, informó el Departamento de Justicia en un documento presentado en la corte.

Aun así, más de 700 padres fueron considerados no elegibles o actualmente no elegibles, muchos de los cuales quizá fueron deportados. De ellos, 431 niños tienen padres que viven fuera de Estados Unidos.

Más de 2.500 menores fueron separados de sus padres en la frontera sur del país como parte de una política de cero tolerancia que enjuicia penalmente a todo aquel que es atrapado cruzándola de manera ilegal.

Algunos niños que no habían visto a sus padres en semanas o meses parecieron tardarse en aceptar que no serán abandonados de nuevo. Un padre que se reunió con su joven hija la semana pasada dijo que ella no le cree que no volverá a dejarla.

“Me parece que algunos de los niños se apegan muy rápidamente. En otros, hay distanciamiento. Existe esta cautela, esta falta de certidumbre, y parte de ello se debe a que no se comprende qué ocurrió”, dijo Rubén García, director de Annunciation House, un centro de asistencia a migrantes en El Paso que ha recibido a unas 25 familias al día esta semana.

Lee Gelernt, abogado de la Unión Americana de Libertades Civiles que representa a las familias separadas, dijo antes de que se anunciaran las cifras más recientes que el gobierno no debería estar congratulándose por cumplir el plazo que él mismo se impuso.

“El gobierno no debería estar orgulloso del trabajo que están haciendo en la reunificación”, afirmó. “Sólo deberían pensar: ‘Nosotros creamos esta política cruel e inhumana… ahora estamos tratando de corregirla en todas las formas que podemos y hacer que estas familias estén completas’”.

Un organismo de supervisión interna del Departamento de Seguridad Nacional dijo que revisaría la separación de familias, así como las condiciones en las instalaciones en las que los niños migrantes son retenidos, en respuesta a cientos de solicitudes del Congreso para que lo hiciera.

Durante las últimas dos semanas, los niños han estado llegando en forma constante a instalaciones del ICE en Texas, Arizona y Nuevo México para ser reunidos con sus padres. Grupos religiosos y de otro tipo les han proporcionado alimentos, ropa, asesoría legal y boletos de avión y autobús. En general las familias son puestas en libertad, y a los padres se les coloca una tobillera de rastreo y se les dan fechas para que se presenten ante un juez de inmigración.

Pero la confusión y el miedo persisten. El salvadoreño José Dolores Muñoz, de 36 años, fue reunificado con su hija de 7 años el viernes pasado, casi dos meses después de que fueron separados. Su hija llora cuando él sale de la casa porque cree que no volverá.

“Ella tiene miedo”, dijo Muñoz. “Ayer la dejé llorando, y me decía: ‘No volverás. Mientes. Me estás abandonando’”.

La separación de padres y niños causa estrés tóxico

El estrés tóxico genera consecuencias que afectan la salud física y mental del niño a largo plazo y durante toda su vida. Puede evitarse si nos aseguramos que los ambientes en que los niños crecen y se desarrollan son estables, proveen atención y estimulación.

DIEGO CHAVES-GNECCO

MD, MPH, FAAP

El aprender a adaptarse al estrés es una parte importante del desarrollo infantil.  

Cuando los niños o los adultos se ven enfrentados a una situación que genera estrés, el cuerpo y la mente se ponen en situación de alerta y se genera una activación de respuesta al estrés.

Esto incluye el aumento de las llamadas hormonas del estrés, entre las que se encuentra la adrenalina.

En respuesta a estas hormonas se presentan cambios físicos en la mente y en el cuerpo, incluyendo el aumento de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial.

Cuando el estrés cesa después de un tiempo o cuando los niños pequeños son atendidos y consolados por sus padres ante el estrés, este desaparece y el cuerpo y la mente vuelven a su estado normal.

En situaciones severas como el abuso infantil, la separación de los padres o cuando no hay adultos que actúen como moduladores de la respuesta al estrés del niño, la respuesta de la mente y del cuerpo al estrés permanece activada.

El que la respuesta al estrés permanezca activada genera consecuencias que afectan la salud física y mental del niño a largo plazo y durante toda su vida.

Incluso, en la ausencia aparente de daño físico, la falta de un adulto que responda a las necesidades del niño, o la simple ausencia de los padres, puede activar la respuesta del cuerpo y la mente al estrés.

La activación constante de la respuesta al estrés sobrecarga a los sistemas nerviosos en desarrollo de los niños generando consecuencias severas y graves para toda la vida.

Esto se conoce como estrés tóxico y con el tiempo la respuesta al estrés se convierte en un sistema en alerta permanente.

En las áreas del cerebro dedicadas al razonamiento y al aprendizaje las conexiones nerviosas son débiles y menores en cantidad en la edad infantil.

Estudios científicos han demostrado que la prolongada activación del sistema de respuesta al estrés, incluyendo el aumento de las hormonas del estrés, en los niños pequeños durante su etapa de desarrollo, genera destrucción de neuronas y de conexiones neuronales en las áreas de razonamiento y aprendizaje en un momento crítico del desarrollo cuando idealmente debería estar ocurriendo lo contrario.

Durante el desarrollo infantil -en situaciones normales y en ambientes ideales con la presencia de los padres y de hogares que responden a las necesidades de los niños- se genera un aumento de las neuronas y de las conexiones neuronales en las áreas del cerebro del razonamiento y del aprendizaje.

El estrés tóxico puede ser evitado si nos aseguramos que los ambientes en que los niños crecen y se desarrollan son estables, proveen atención y estimulación.

En la mayoría de los casos, si no en todos, estas son funciones cumplidas por los padres del niño. Es por esto que la separación de los niños de sus padres durante un período crítico del desarrollo como lo es la infancia genera estrés tóxico y consecuencias a largo plazo como dificultades del desarrollo, del aprendizaje, enfermedades mentales y físicas como problemas del corazón y la hipertensión arterial.

No hay ninguna razón que justifique este daño irreparable causado por la separación de los niños de sus padres.

Grupos religiosos ayudan a reunir familias separadas en EEUU

Natalia Oliveira da Silva, una brasileña que pidió asilo político en EEUU, abraza a su hija Sara, de cinco años, tres su reencuentro en oficinas de la organización caritativa Catholic Charities en San Antonio, Texas, el 23 de julio del 2018. El servicio de inmigración las tuvo separadas casi dos meses. (AP Photo/Eric Gay)

Por NOMAAN MERCHANT ,  Associated Press

SAN ANTONIO, Texas (AP) — Llegaron en camionetas blancas de Catholic Charities con sus hijos, sus papeles y nada más.

Necesitaban comida, ropa, un techo y alguna forma de reunirse con familiares en Estados Unidos. Muchos estaban todavía conmocionados por las semanas que pasaron en centros de detención. Un hombre cargaba a su hijo pequeño, que no lo reconoció después de estar dos meses separados. Una mujer llevaba de la mano a su hija de cinco años, quien se negó a hablar con ella por un tiempo porque la culpaba por su separación.

Estas escenas se sucedieron en Texas y Arizona a medida que el gobierno de Donald Trump se esfuerza por cumplir el plazo para reunir a familias de inmigrantes que fueron separadas, el cual vence el jueves. El gobierno está liberando a cientos de familias y entregándolas a organizaciones religiosas, que se ocupan de ellas.

La Associated Press observó el lunes la dinámica de familias que se reunieron en las Catholic Charities de la Arquidiócesis de San Antonio. Había bebés y adolescentes, así como centroamericanos que le huyen a la violencia de sus países y piden asilo. Algunos padres habían pasado por varios centros de detención de inmigrantes de distintos puntos del país.

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EL REENCUENTRO

Natalia Oliveira da Silva, una brasileña, esperaba nerviosamente afuera del centro de detención de Pearsall, Texas, por su hija Sara, de cinco años. La vio llegar en un vehículo con el cinturón de seguridad sobre su torso.

Sara salió del auto y corrió hacia su madre. “¿No te van a llevar de nuevo, verdad?”, le preguntó.

Desde que fueron separadas a fines de mayo, la niña estuvo en un refugio para inmigrantes menores de edad de Chicago, mientras que Oliveira da Silva pasó por varias instalaciones de Texas.

Igual que otras familias que se reencontraron en Pearsall, Oliveira da Silva y su hija fueron llevadas a Catholic Charities en San Antonio, a una hora de allí. Los empleados de Charity las alojaron en un hotel el domingo por la noche y las recogieron a la mañana siguiente, junto con otra familia de inmigrantes.

Oliveira da Silva, de 30 años, no durmió esa noche. Dijo que se pasó la noche observando a Sara.

Durante la separación, hubo un período en el que Sara se negó a hablar con ella por teléfono. Cree que fue porque estaba enojada con lo sucedido. Ella misma está molesta.

“Espero que no tenga más recuerdos de esto”, dijo Oliveira da Silva.

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LA ENTREGA

Cuando Oliveira da Silva y su hija llegaron a las oficinas de Catholic Charities, dos personas les abrieron las puertas y les dijeron “hola”. Una vez adentro, se toparon con voluntarios que doblaban ropa donada y se preparaban para lo que se venía. Un restaurante local había dejado tortillas, carne y verduras asadas. En un salón de conferencias del piso de arriba, los padres podían recoger ropa y juguetes de unas estanterías.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (la policía inmigratoria, conocida por sus siglas en inglés, ICE) había informado a Catholic Charities en la mañana que llegarían siete familias. La organización caritativa también recoge a inmigrantes que el ICE deja en la terminal de autobuses. Voluntarios de distintas fes vigilan la terminal para ver si llegan familias de inmigrantes y llaman a Catholic Charities si detectan alguna.

Generalmente los inmigrantes son dejados allí por la tarde, aunque la primera vez que el ICE envió familias a Catholic Charities, hace dos semanas, las liberó a las tres de la mañana. Y las dejó en la terminal de autobuses, no en las oficinas de la entidad benéfica.

“La lógica detrás de esas decisiones se nos escapa”, comentó Matthew Martínez, vicepresidente de la organización.

Personal de las Charities les compran los pasajes de avión y tienen a mano teléfonos para que llamen a los parientes que los auspician. Si una familia debe esperar por autobuses o aviones, tienen hoteles disponibles.

Para financiar todo este esfuerzo, Catholic Charities recaudó 127.000 dólares y recibió ayuda de más de 300 voluntarios.

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EL CARIÑO

En los reencuentros, hay estados de ánimo cambiantes y la gente generalmente pasa de un estado sombrío a uno de felicidad.

Un grupo de niños comenzó a jugar con una pelota de fútbol de espuma. Los más chicos se entretenían con camiones y guitarras de juguete. Inmigrantes con sus hijos en sus brazos sonreían y se contaban hacia dónde irían ahora. La mayoría de las familias se dirigían a lugares lejanos, desde California hasta la Florida.

Muchos relataban historias terribles de sus experiencias, al tiempo que se consolaban pensando que estaban de vuelta con sus hijos.

El hondureño Carlos Fuentes Maldonado estaba son su hija Mía, de un año. Ella y su hermanita de cuatro años fueron llevadas a un refugio de Arizona luego de tratar de cruzar el río Bravo hace dos meses. Su madre, Jennifer Maradiaga, dijo que Mía todavía era amamantada cuando se la llevaron.

Al reencontrarse el lunes, la pequeña no pareció reconocer a sus padres, expresó Fuentes. Por la noche, la niña estaba recostada sobre un hombro del padre.

Hacia las ocho de la noche, la madre y un hermano de Maradiaga llegaron para recogerlos y llevárselos a su casa. Su madre comenzó a llorar mientras la abrazaba. Todos sonreían y se turnaban para sostener en brazos a Mía.

Otros inmigrantes relatan que la comida en los centros de detención a veces era incomible y que los empleados ignoraban a menudo sus quejas o pedidos. Dos mujeres contaron que les dijeron que tal vez nunca volverían a ver a sus hijos. Estaban viendo televisión en español cuando se enteraron de que el gobierno suspendería la separación de familias.

“Ver las protestas nos dio fuerza”, expresó Ildra Medrano Castillo, quien se vino con su hijo de nueve años de Guatemala. Afirmó que un empleado de una instalación le dijo que su hijo sería dado en adopción.

Habían estado reunidos por unas pocas horas. Mientras almorzaban, se le llenaron los ojos de lágrimas cuando se le preguntó cómo se sentía.

“Fue hermoso” el reencuentro, indicó.

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EL VIAJE

El personal de Charities llevó a las familias a hoteles cercanos para que esperasen sus vuelos al día siguiente. Les mostraron cómo usar los ascensores, dado que algunos nunca habían estado en uno.

Algunos se tuvieron que despertar a las dos de la mañana porque sus vuelos salían a las cinco.

“Estaban cansados, pero contentos”, dijo Thelma Gutiérrez, directora de uno de los refugios de Catholic Charities para niños inmigrantes.

Los padres tenían sus tarjetas de embarque y toda la información, junto con una carta en inglés que podían usar si necesitaban ayuda durante el trayecto. Algunos estaban nerviosos ante la perspectiva de volar en un avión, según Gutiérrez.

El personal de la obra caritativa dejó a 32 personas en el aeropuerto antes del amanecer.

“Estamos haciendo lo que corresponde”, dijo Gutiérrez. “Por ahora, es todo lo que podemos hacer”.

EEUU reporta reunificación de casi 1,200 familias migrantes

Manuela Adriana, de 11 años, permanece con su padre Manuel Marcelino Tzah, en un apartamento en el sector de Brooklyn, de Nueva York, horas después de que la menor fuera liberada de un centro de detención. Padre e hija, procedentes de Guatemala y que buscan asilo, fueron separados el 15 de mayo después de que cruzaran hacia Texas por la frontera sur. (AP Foto/Bebeto Matthews)

Por ELLIOT SPAGAT

SAN DIEGO, California (AP) — Casi 1,200 niños mayores de 5 años que fueron separados de sus padres en la frontera entre México y Estados Unidos han sido reunidos con sus familias, informó el lunes el gobierno del presidente Donald Trump, pero aún hay cientos de casos restantes antes de que se cumpla esta semana el plazo que impuso un tribunal.

El Departamento de Justicia señaló en documentos presentados ante la corte que se han realizado 1,187 reunificaciones “y otras bajas apropiadas” de parte de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados del Departamento de Salud y Servicios Humanos. Los documentos no proporcionan más detalles sobre “otras bajas apropiadas”

El gobierno ha identificado a 2,551 niños de al menos 5 años que fueron separados de sus familiares.

El juez federal de distrito Dana Sabraw dio hasta el jueves de esta semana como plazo para que el gobierno reúna a los demás niños con sus padres. Fijó una fecha límite previa para los niños menores de 5 años.

Más de 1,600 adultos al parecer reunieron los criterios para la reunificación, incluidos 217 que las autoridades de inmigración dejaron en libertad dentro de Estados Unidos, según el documento. Más de 500 eran investigados y aguardaban su transportación.

Más de 900 “no reunían los criterios o se desconocía si podrían hacerlo”, y muchos continuaban siendo investigados.

El gobierno continuaba elaborando una lista con el número de adultos deportados.

Sabraw ordenó actualizaciones frecuentes de las cifras a medida que se aproxima el vencimiento del plazo. Representantes del gobierno y la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU por sus siglas en inglés), que defiende a las familias inmigrantes, comparecerán el martes ante la corte por séptima ocasión este mes a fin de examinar la situación vigente.

La semana pasada, el juez suspendió temporalmente las deportaciones de familias a fin de dar tiempo al gobierno para que respondiera a una solicitud de la ACLU de que conceda a los padres una semana para decidir si quieren pedir asilo después de reencontrarse con sus hijos.

El gobierno tenía como plazo para contestar el lunes en la mañana. Pero ambas partes solicitaron una extensión de un día a fin de superar diferencias, lo que abre la posibilidad de levantar la suspensión.

Niños migrantes dicen pasar hambre y frío en celdas de EEUU

ARCHIVO – En esta fotografía de archivo del 23 de junio de 2018, un niño inmigrante se asoma desde un autobús de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos mientras manifestantes bloquean la calle afuera de un centro de procesamiento central de la Patrulla Fronteriza en McAllen, Texas. (AP Foto/David J. Phillip, Archivo)

Por AMY TAXIN

SANTA ANA, California (AP) — Mojados y enlodados tras cruzar la frontera con México, los niños inmigrantes cuentan que se acostaron o sentaron en el piso frío de las celdas a donde fueron llevados.

Una brasileña, quien pidió ser identificada solo por las iniciales W.R., posa al lado de su hijo A.R., de 9 años, tras una conferencia de prensa en el Centro de Trabajadores Brasileños en Boston, el lunes 16 de julio del 2018. (AP Foto/Michael Dwyer)

Era difícil dormir con la luz prendida toda la noche y los guardias pateando sus pies, decían. Tenían hambre después de recibir lo que dijeron que eran sándwiches congelados y comida apestosa.

Los más pequeños lloraban en espacios cercados, en donde estaban apiñados con adolescentes, e imploraban que los llevaran con sus padres. Los inodoros estaban sucios y el agua corriente era poca, cuentan. Esperaban, inseguros y asustados, por lo que les deparaba el futuro.

“No sabía dónde estaba mi mamá”, dijo Griselda, una guatemalteca de 16 años que ingresó a Estados Unidos con su madre por la zona de McAllen, Texas. “Vi a niñas preguntar en dónde estaban sus madres, pero los guardias no les decían”.

Las descripciones que hicieron los niños de varias instalaciones de detención están incluidas en un voluminoso documento presentado esta semana en una corte federal de Los Ángeles como parte de un proceso sobre si el gobierno del presidente Donald Trump está cumpliendo con un añejo acuerdo que regula el trato que deben recibir los niños inmigrantes.

Decenas de abogados, intérpretes y otros voluntarios recorrieron el suroeste del país en junio y julio para entrevistar a más de 200 padres y menores migrantes sobre las condiciones en las celdas, centros de detención y albergues juveniles.

Los activistas dicen que el gobierno ha incumplido con el acuerdo Flores de 1997, que dicta las condiciones de detención y requisitos de liberación para los niños inmigrantes.

“Se han expresado en voz alta y clara, y lo que han dicho es que experimentan hambre forzada, deshidratación forzada, privación del sueño forzada”, dice Peter Schey, un abogado de los niños que ha pedido a la corte designar un supervisor especial para que se cumpla con el acuerdo. “Están aterrorizados y creo que es hora de que las cortes y el público escuchen sus voces”.

El Departamento de Seguridad Nacional, encargado de la inmigración y el control fronterizo, no ha respondido por el momento a solicitudes de comentario. Pero en sus propios documentos presentados a la corte el mes pasado, los supervisores del gobierno dijeron que las autoridades inmigratorias cumplen con las condiciones establecidas en el acuerdo.

En su informe, Henry Moak Jr., coordinador juvenil de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de los Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés), documentó que la temperatura ambiental es adecuada en varias instalaciones fronterizas y que él mismo tomó agua de los contenedores de 20 litros (5 galones) en los centros de procesamiento de McAllen.

Dijo que algunos niños y padres le dijeron que no les gustaba la comida y no estaban seguros que el agua fuera potable, pero no hubo reportes de que la comida estuviera echada a perder.

También probó el agua en la estación de Yuma en Arizona y “puedo confirmar que los bebederos funcionaban y el agua sabía limpia”, dijo.

La letanía de quejas compiladas por los abogados se ha dado a conocer después que la indignación global orillara al gobierno de Trump a dar marcha atrás en la separación de familias inmigrantes en la frontera. Bajo otra orden de la corte, las autoridades ahora reunifican a los padres y niños separados, y dicen que intentarán mantener a las familias juntas durante su proceso en cortes de inmigración, aunque según el acuerdo Flores, los niños inmigrantes deben ser dejados en libertad en aproximadamente 20 días.

Muchos de los niños describieron las condiciones en las instalaciones de la CBP a donde fueron llevados y en donde fueron procesados los primeros días después de cruzar la frontera. En los reportes sólo fueron identificados con sus nombres de pila.

Timofei, un ruso de 15 años que pidió asilo en la frontera con sus padres por ser creyentes de los Testigos de Jehová, contó que la noche y día se fusionaban en el cuarto cerrado y atestadas en donde estuvo detenido con otros menores de edad. Tenía una sola ventana con vista a un pasillo vacío, agregó. No había jabón en el baño y sólo recibió en ocasiones un cepillo de dientes desechable.

Le ofrecieron ducharse al llegar al centro de San Ysidro, California, pero no lo hizo y no se le permitió en los dos días que siguieron, contó.

Algunos niños fueron enviados después al albergue Casa Padre de Texas para los niños inmigrantes que viajan solos o fueron separados de sus padres. El centro opera bajo contrato con el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés). Los jóvenes cuentan que ahí pasaban hambre y no les daban suficiente tiempo para hablar con sus padres por teléfono.

Kenneth Wolfe, vocero de la Administración para Niños y Familias del HHS, dijo que la agencia no comentaba casos específicos, pero que si un contratista no cumple con los procedimientos de la agencia, se atiende el problema.

También en Texas, Keylin, una hondureña de 16 años dijo que viajó al norte con su madre después de que amenazaran a muerte a su mamá en su país. Ambas se entregaron en la frontera en McAllen y fueron llevadas a una instalación que llamó “hielera” de lo fría que estaba.

Un día después fueron llevadas a un centro de reclusión con áreas cercadas al que describió como “perrera”. Ahí fueron separadas y sólo se les permitió hablar una vez por 10 minutos en los siguientes cuatro días.

En ambos lugares la comida estaba congelada, olía mal y no la pudo comer, contó. Las guardias les gritaban a ella y a las otras niñas, obligándolas a desnudarse para mirarlas lascivamente antes de ducharse, dijo.

“Todo el tiempo tuve mucho miedo y estaba deprimida. Tenía miedo de las guardias y miedo de que me deportaran sin mi madre”, dijo, y agregó que después fueron reunidas y enviadas a un centro de detención familiar.

Ángel, un niño de 13 años que llegó de México con su madre, dijo que los guardias les dijeron a los niños en su celda de McAllen, Texas, que iban a ser adoptados y que ya nunca verían a sus padres. Después fue enviado a un centro de detención familiar con su mamá, en donde dijo que pasaron la revisión de asilo y esperan ser liberados.

“Estoy emocionado de salir de aquí y acabar con esta pesadilla”, dijo.