Los robots cada vez son más sociables, pero ¿estamos listos?

PORTADA – En esta fotografía del 21 de noviembre de 2017, la profesora e investigadora de robótica de MIT, Cynthia Breazeal, toca el robot social Jibo en la sede de la compañía en Boston. (AP Foto/Steven Senne)

MATT O’BRIEN,  Associated Press

BOSTON, Massachusetts — Los robots domésticos que socializan con personas están listos para llegar a nuestras salas y cocinas, pero ¿los humanos estamos preparados para recibirlos en nuestras vidas?

Para construir robots que tienen apenas una fracción de la sofisticación que vemos en los relatos de ciencia ficción han tenido que pasar décadas de investigación. Pero no se parecen a sus predecesores ficticios: la mayoría no camina, sólo a veces ruedan y con frecuencia no tienen extremidades. Y para nada igualan el lenguaje, habilidades sociales y destreza física de la gente.

En esta fotografía del lunes 30 de julio de 2018, el director general de Anki Inc. Sostiene a Vector, el nuevo robot doméstico de la compañía, en Nueva York. (AP Foto/Ted Shaffrey)

Peor aún, hasta ahora pierden contra los inmóviles parlantes inteligentes de Amazon, Apple y Google, que cuestan una fracción que estos primeros robots sociales, y que operan con sistemas de inteligencia artificial que dejan muy atrás a las limitadas habilidades de muchos robots.

Eso no ha detenido a sus ambiciosos productores de lanzar robots que parecen reales al mercado, aunque con resultados mixtos hasta ahora.

Dos pioneros en la nueva vanguardia de lindos robots sociales –Jibo, un voluptuoso parlante, y Kuri, una caricaturesca “nana” con ruedas– han sido bajas tempranas. Los productores de Vector, un robot casero más económico develado el miércoles, esperan que los suyos tengan mayor éxito.

Pero otros, incluyendo el rumorado proyecto de Amazon y robots diseñados para ofrecer compañía a personas mayores, siguen en fase de desarrollo.

“Creo que este año veremos a algunos llegar al mercado”, dijo Vic Singh, socio general fundador de Eniac Ventures, que ha invertido en varias empresas incipientes de robótica. Pero serán limitados a usos específicos, advirtió.

Las esperanzas de robots sociales siguen superando a la realidad. El año pasado, el rechoncho, casi inexpresivo, Jibo engalanó la portada de la edición de “mejores inventos” de Time Magazine. Su creadora, la investigadora en robótica del MIT Cynthia Breazeal, le dijo entonces a The Associated Press que “habrá un momento en que todos darán por sentado al robot personal”.

Ese momento no ha llegado aún.

Los robots sociales se remontan a una cabeza humanoide interactiva llamada Kismet, que Breazeal construyó en un laboratorio de MIT en la década de los 1990. Desde entonces, los avances en la inteligencia artificial han impulsado el campo. La popularidad de Alexa similares también ha ayudado a quitarle lo raro a hablar con máquinas.

La clave de los robots compañía, dicen los expertos, es lograr el balance justo entre utilidad y personalidad. (El precio también parece muy importante). Aunque hay mucho desacuerdo sobre qué logra el balance perfecto.

Si te falta personalidad “deberás ser perfecto, porque en el momento en que te equivoques, serás el gran y torpe robot que se equivocó”, dijo Boris Sofman, director general de Anki, que planea lanzar en unos meses a Vector, un robot tipo mascota, por 249 dólares. Pero la gente puede perdonar los errores siempre y cuando el robot se comporte de forma realista.

Muchos investigadores dicen que los robots sociales son una promesa para la población mayor. Podrían recordarles tomar su medicina, motivarlos para levantarse y moverse o visitar a otros, y ayudarlos a permanecer en contacto con familiares y amigos.

Aunque para que los robots capten la atención de todas las edades, necesitan demostrarse útiles y serviciales, dice James Young, investigador del laboratorio de interacción humana-computacional de la Universidad de Manitoba.

“Ya sea que ayuden en la soledad o con tareas como cocinar, eso es crucial”, dijo. “Una vez que la gente se convence que algo es útil o realmente les ahorra tiempo, son muy buenos para adaptarse”.

Crean en el MIT un robot que escribe cuentos de horror

Articulo por MATT O’BRIEN (Associated Press)

Científicos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) crearon un robot escritor capaz de generar historias de horror al que bautizaron Shelley en honor de la autora de “Frankenstein”, Mary Shelley.

Pinar Yanardag, Manuel Cebrian e Ilyad Rahwan, creadores del robot escritor de historias de horror Shelley, el 24 de octubre del 2017 en Massachusetts. (AP Foto/Steven Senne)

El equipo le dio a Shelley la tarea de leer 140,000 cuentos de horror publicados por escritores amateur en un popular fórum en internet.

Ahora, la red neural artificial de Shelley está generando sus propias historias, colocando las primeras líneas en Twitter y entonces colaborando con humanos en la creación.

“Ella está creando historias extrañas y realmente imaginativas que no han existido en el género de horror”, dijo Pinar Yanardag, estudiante de posdoctorado en el MIT Media Lab. Una de las historias, por ejemplo, es sobre un hombre embarazado que se despertó en un hospital.

El experimento del laboratorio, lanzado a tiempo para Halloween, sigue un proyecto similar del año pasado para crear imágenes de horror. Pero ¿puede realmente toda esa informática poderosa y tecnología del conocimiento producir cuentos aterrorizadores? Digamos que es un proceso en marcha.

Stephen King, el más célebre de los escritores de horror todavía con vida, dice que puede tomarle “meses, incluso años” para perfeccionar el primer párrafo de una novela. Shelley se toma unos segundos, y los resultados pueden ser extraños.

“La muñeca se me abalanzó con una jeringuilla”, escribió el robot en Twitter el viernes. “Sangre le brotaba por la boca y comenzó a desvestirse. Fue entonces que empezó a bailar”.

Las oraciones de Shelley están inspiradas por la mente colectiva de la que ha aprendido: un grupo de aficionados del horror que participan en el fórum “r/nosleep” de Reddit. Los algoritmos son alimentados con montones de información y esos escritores aficionados han producido unos 700 megabytes de horror en el último decenio. Los creadores de Shelley no la entrenaron con los clásicos del género, tanto por razones de derecho de autor y porque no existen suficientes.

“Si miras toda la literatura de Lovecraft o Stephen King o Edgar Allan Poe, eso sería unos pocos megabytes”, dijo el estudioso de MIT Manuel Cebrian. “No tendríamos suficiente información”.

Yanardag y Cebrian son además escritores amateur de horror. Aunque los lectores no necesariamente estarán comprando las obras producidas por Shelley, el sistema aprende de la información que recibe y pudiera ayudar a motivar a un escritor humano a ser más creativo.

“Uno tiene a empantanarse”, dijo Cebrian. “Este tipo de tecnología te ayuda a escribir el próximo párrafo, para que no te quedes varado”.

Robots reemplazaría a inmigrantes en cultivo de frutales

SPOKANE, Washington, EE.UU. (AP) — No se cansan y pueden trabajar las 24 horas del día.

Robots capaces de recoger frutas asoman como una posible solución para los productores de ese sector si hay deportaciones masivas de inmigrantes sin permiso de residencia bajo el gobierno de Donald Trump.

Sergio García vacía una bolsa de manzanas que acaba de recoger en una granja de Wapato, Washington, el 16 de septiembre del 2013. Peones como García podrían ver peligrar sus trabajos como consecuencia de una posible mecanización de las operaciones, provocada por la creciente escasez de personal dispuesto a trabajar en el campo y el peligro de que haya deportaciones masivas de extranjeros sin permiso de residencia bajo el gobierno de Donald Trump. Se cree que un alto porcentaje de los trabajadores del campo están en el país ilegalmente. (Gordon King/Yakima Herald-Republic via AP, File)

Los productores de frutas, cultivos que requieren abundante mano de obra y dependen en buena medida de trabajadores inmigrantes, serían muy golpeados si el gobierno de Donald Trump cumple su promesa de deportar en masa a los extranjeros sin permiso de residencia.

Por eso siguen con atención los trabajos de al menos dos empresas que están tratando de construir robots capaces de recoger frutos.

FFRobotics, de Israel, y Abundant Robotics, de Hayward, California, esperan poder sacar al mercado recolectores mecánicos dentro de un par de años.

La recolección de frutas es una tarea delicada, que se ha resistido a la automatización que predomina en otros sectores de la agricultura y depende en buena medida de la mano de obra inmigrante. Ello se debe a que frutas como las manzanas, las frutas secas y las uvas, son productos más frágiles, cuyo aspecto es fundamental, lo que hace que sigan siendo recogidas a mano.

Al peligro de las deportaciones se suma el hecho de que “empiezan a escasear los recolectores humanos”, afirmó Gad Kobber, cofundador de FFRobotics, una firma israelí que diseña recolectores de frutas. “La gente joven no quiere trabajar en la agricultura y los recolectores de edad están retirándose”.

Las cosechas ya se han mecanizado en otros sectores como el trigo, el maíz, las arvejas, los tomates y muchas otras cosechas.

Washington, uno de los principales estados productores de frutas, que generan 7.500 millones de dólares anuales, requiere de miles de peones para las cosechas, sobre todo mexicanos, y muchos de ellos están en el país ilegalmente.

Las políticas de línea dura de Trump hacia la inmigración ilegal preocupan a los agricultores, que están explorando métodos alternativos para sus cosechas. Algunos han adquirido maquinaria que reduce la dependencia de la mano de obra, mientras que otros presionan a los políticos para que impulsen medidas inmigratorias que no los priven de la mano de obra que necesitan.

“Quién sabe lo que vaya a hacer este gobierno”, comentó Jim McFerson, director del Centro de Investigaciones de Frutales del Estado de Washington en Wenatchee. Para los agricultores, “es un asunto de vida o muerte”.

El trabajo de recolección de frutas es arduo y peligroso, y generalmente lo desempeñan mexicanos. Peones con experiencia, que trabajan a destajo, pueden llegar a ganar 200 dólares por día.

Activistas que defienden a los peones dicen que la mecanización de las cosechas tendría efectos negativos. Y dejaría a mucha gente sin trabajo, según Erik Nicholson, dirigente del sindicato United Farm Workers (Trabajadores Agrícolas Unidos). Calculó que la mitad de los peones de Washington están en el país ilegalmente.

Muchos vienen durante la temporada de cosechas, pero otros se han radicado aquí y son miembros productivos de la comunidad.

“Temen quedarse sin trabajo por la mecanización”, dijo Nicholson. “Un robot no va a alquilar una casa, no va a comprar ropa para sus hijos, no va a comprar alimentos ni a reinvertir su dinero en la economía local”.

Sin dar cifras específicas, las empresas abocadas a la construcción de robots dicen que en dos años los productores recuperarían su inversión. Ello indica que las máquinas serían muy costosas, pero tal vez rentables a largo plazo.

FFRobotics está trabajando en una máquina que tiene unas especies de tentáculos de tres dedos que pueden asir frutas o arrancarlas de ramas. Las máquinas tendrían entre cuatro y 12 brazos robóticos y podrían recoger hasta 10.000 manzanas por hora, según Kober.

Una máquina podría recoger entre el 85% y el 90% de una variedad de frutales, y del resto se encargarían humanos, indicó Kober.

Abundant Robotics está trabajando en una máquina recolectora que succiona las manzanas de los árboles.

Las dos empresas que trabajan en las máquinas recolectoras “podrían tener prototipos listos en el tercer trimestre de este año”, según Kaern Lewis, especialista en el tema de la Washington State University. Agregó que los robots “revolucionarán” el sector.

Para que las máquinas funcionen, no obstante, las manzanas y otros productos deberán ser cultivados con el sistema de plantas trepadoras, dijo Lewis.

Indicó que se está trabajando “en la arquitectura del árbol y la ubicación de las manzanas para que sean compatibles con los robots”.

Se calcula que la mecanización de la producción de frutales tomará entre 10 y 20 años y en principio se usará solo como un complemento de la actividad humana.

Pero el sector “está buscando formas de mejorar nuestra eficiencia”, dijo el representante nacional Dan Newhouse, cuya familia tiene una enorme granja en el valle de Yakima en Washington, que emplea 120 peones por temporada para la recolección de frutos secos y nectarinas.

Para Mark Powers, presidente de Consejo de Horticultura del Noroeste, que representa a los agricultores de Yakima, los productores no tienen otra alternativa que recurrir a la mecanización.

“No tenemos ninguna nueva fuente milagrosa de mano de obra en el horizonte”, expresó. “Creemos que la mano de obra va a seguir siendo un recurso escaso”.